Encontré la llave
que cierra tus ojos.
Así,
con tus astros escondidos,
rompiendo el silencio en gemidos,
leerás mis dedos.
Y jamás habrá de importarme
qué por qué cómo
y cuánto
si la palma de tu espalda
besa el torso de mi mano.
Y si se hizo papel
tu piel secuestrada,
no habrá rescate
que impida a mi letra
acariciarlo.
Y guardaré tu vista
descansada
para que me atravieses
en estocadas de diamante
de vez en cuando.