Un fantasma que se engalana en la nada.

Esa es la joya, el atuendo del uno y los días.

Una gala vana, una nada bien nada.

Una nadita.

 

En la cima de un abismo hay una hormiga

(muerta la hormiga)

hay una hormiga muerta y sobre ella

una hoja muerta

corrijo

una fina y seca hebra de una hoja muerta

y en esa hoja

y en esa hebra

y en esa fina y seca hebra muerta

hay una muesca

la antena muerta de un grillo muerto sobre la hoja ya muerta

esa marca es la que dejó

un segmento de su antena

y forma una hendija

donde yace un grano de tierra

un punto de polvo de tierra yerma

durmiendo en el lecho tieso

de la antena muerta

en el fragmento minúsculo de la ex-hoja

en lo que queda del lomo de la occisa hormiga

en lo más profundo del más alejado abismo

del secreto desierto de un dios muerto y olvidado

y ese sitio

ese risco gigante de roca seca

en la grieta magnánima sobre la flora extinta

sobre la fauna quieta

en el cañón de una maceta

ese sitio es enorme

comparado a mi nada tierna

mi nada que me engalana

en mi estado de espectro,

el de uno en estos días.

Una nada chiquita, tonta, intrascendente.

Una nadita de nada en un sitio ausente.



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