Qué íes raras habrás soñado
para buscar al ángel dueño del punto,
qué forma tendrá la vocal de tu urgencia
para merecer del cielo un acento.

No hay poetas en las nieblas celestes,
sólo nubes y aves extrañas,
con manos en lugar de alas
y una sola pluma que suda y suda
y de tanto en tanto te cantan:

"No dejes tu voz en la noche
que la fiesta se acerca, se acerca,
no invadas el temor con ausencia,
no tiembles si un alma te besa".

Pues llena tu copa,
tu ansia sedienta,
que es vate el que late
cuando el mundo despierta.



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