La felicidad
- Parece que hoy va a llover.
Rumy miró hacia arriba, inclinando todo el cuerpo como una flecha.
- No creo, dijo, casi sin soltar una burbuja.
Ambos se miraron sin mirarse. Es una de las tantas ventajas de tener los ojos a los lados. Nunca se sabe hacia donde se ve, inclusive es difícil saber lo que se mira. Pero algo se ha mirado, se siente, escondida entre las escamas, el peso de una mirada aburrida.
- Vamos con los otros?
- No, dijo Waldo, no tengo ganas.
- Tal vez vayan abajo al rápido.
- No creo que tenga tanta importancia, sabés? - hizo una pausa larga. Luego se puso muy cerca a su lado y dijo:
- Desde hoy comienzo a aceptar las cosas como son.
Rumy se quedó un instante con la impresión que la conversación de la lluvia era algo mas reconfortante y menos complicada, pero luego trato de concentrarse:
- De qué hablás?
- De como son las cosas.
- Y como son?. Rumy no sabía si esperar la respuesta o darle un coletazo y pegar la vuelta.
- Sabés cómo son las cosas? Las cosas son como son. Asi son las cosas. No por ir mucho a los rápidos vas a engordar mas y no por mucho visitar a las pibas van a poner mas huevos. Comes lo que tenés que comer, te apareas lo que te tenés que aparear.
- Qué te pasa? Estas hablando como un pez viejo...
En realidad Waldo era bastante mas viejo, tenía cinco meses mas.
- Es que la vida es mas feliz cuando uno acepta las cosas como son, Rumy. La vida es un rio tranquilo.
- Rio tranquilo las escamas de tu abuela!, dijo Rumy levantando la voz. Si la vida fuera un rio tranquilo, nosotros nos hubiéramos muerto de hambre hace siglos.
Waldo se alejó unos centímetros y lo no-miró. En realidad quería decirle que era feliz con su vida, pero se sintió algo tonto. Rumy no lo entendería. Se comenzó a despedir, pero él lo interrumpió:
- Sabes lo que es la felicidad, Waldo? La felicidad de una piraña es un caballo cruzando por el rápido. Asi que haceme el favor...
Se dió la vuelta y nadó rápido en dirección al cardumen. Waldo lo miro alejarse, de costado. Pensó que está bien lo que dice Rumy, pero lo que dice él es más abarcativo.
"La felicidad de una piraña es ser una piraña", pensó, y se dejó arrastrar unos metros con la corriente mansa. Ahi estaba Rielcko mirando un musgo.
- Parece que hoy va a llover, dijo, su cuerpo apuntando al sol, como una flecha.