Hola.
Yo soy el durazno verdeyrojo que viste en el mercado ésta mañana.
Me levantaste, me oliste, me limpiaste con tu mirada.
Me examinaste, casi me comiste, finalmente me depositaste,
me tiraste,
de regreso a la góndola de la nada.
Ahora es de noche, soy un durazno verdeyrojo
pudriéndose en una caja cerrada.