Cuando descorro
el tul
de mis prejuicios
te veo así,
nítidamente
mia.
Me avergüenzo
en mi miseria moral,
y a la vez atiendo
esa llamada
desde el sótano
de mi corazón.
Busco, busco
el agua bendita
que sofoque esas llamas
antes que sea tarde
hasta para llorar.
Y que el dios
de las giselas
te proteja de mi,
no sea que mi amor
te drogue
hasta la adicción.
Voy rompiendo códigos
con mi espada
de adolescente canoso
y herido,
olvido y no olvido,
robo comida
y mato amigos,
sé
que estoy confundido,
abro y cierro
el postigo en la pantalla
y siento esa sed,
ese miedo,
aquel deseo
teñido de sangre seca
y sinrazón.
Viajo todos los días
al aeropuerto,
a ver si ya enloqueciste,
a ver si ya llegaste,
a ver si en tu radio
sonaba
la misma canción.
Cierro el tul
con delicada fuerza,
trato de entender
lo que pinté
en la pared,
lío puritos de angustia
y sobrevivo todo
maremoto,
me duermo feliz
por vos,
sin vos
y a pesar de vos.
Y que el dios
de las giselas
te guie por siempre,
que te salve
de toda decepción.